¿Por qué el juego es tan importante para los pequeños?

Aire Libre 22 de septiembre de 2022 Por LPTV
El juego infantil enriquece la imaginación y la creatividad, además estimula la observación, la atención, la concentración y la memoria, entre otros beneficios.
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¿Por qué el juego es tan importante para los pequeños?

Cuando los niños juegan, no solo se entretienen y pasan el tiempo: el juego cumple un papel fundamental en su desarrollo. Capacidades como la afectividad, la motricidad, la inteligencia, la creatividad y la sociabilidad se activan y estimulan en el momento en que el pequeño juega. 

El juego es una actividad de vital importancia para los pequeños. Lejos de tratarse de meras actividades para entretenerse o pasar el tiempo, jugar tiene una gran utilidad para el desarrollo del menor y es fundamental en su crecimiento. Por eso, su derecho al juego y el esparcimiento forma parte de la Convención sobre los Derechos del Niño, establecida por las Naciones Unidas.

A continuación se explican los beneficios del juego infantil y cómo cambia el juego con la edad.

Beneficios del juego infantil

El juego infantil es una actividad que se realiza por placer, se elige con libertad y requiere de una participación activa del pequeño. Así lo asegura el pediatra y puericultor Juan Fernando Gómez Ramírez, quien además explica que jugar favorece el desarrollo social y la actividad y está en la base misma de la cultura.

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Gómez Ramírez resume los beneficios del juego en los siguientes ítems:

  • Es indispensable para la estructuración del yo.
  • Permite al niño conocer el mundo que le rodea y adaptarse a él, ya que durante el mismo juego el menor crea mecanismos para adecuarse a cada situación y comportarse en ellas con mayor facilidad.
  • Enriquece la imaginación y promueve los procesos creativos.
  • Desarrolla y ejercita la observación, la atención, la concentración y la memoria.
  • Favorece la sociabilidad temprana y las habilidades de comunicación social.
  • Enseña a respetar las reglas.
  • Permite experimentar temores y frustraciones, así como triunfos y derrotas.
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Sigmund Freud explicó que los niños no juegan solo para repetir situaciones placenteras, sino también para elaborar las que les resultaron dolorosas o traumáticas. Por todos estos motivos, los juegos son un asunto serio para los más pequeños. Y eso se hace visible cuando uno comprueba la seriedad con que ellos afrontan sus juegos.

Cómo cambia el juego con la edad del niño

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Los juegos cambian a medida que el niño crece. El pedagogo Jean Piaget estableció una serie de tres estadios evolutivos en la infancia según la forma de juego dominante. Son los siguientes:

Estadio sensoriomotor. Transcurre desde el nacimiento hasta los dos años de edad. Los juegos que predominan en esta etapa son los de ejercicio o funcionales: repetir una y otra vez una acción por el puro placer del resultado inmediato que obtienen. Estos juegos pueden efectuarse con objetos, con el propio cuerpo o con otras personas. Incluso sus primeros balbuceos son sonidos repetitivos que al bebé le resultan graciosos y, por lo tanto, le gusta repetirlos.

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Estadio preoperacional. Tiene lugar entre los dos y los seis años de edad. El juego propio de este tiempo es el de tipo simbólico, es decir, el consistente en simular acciones, objetos y personajes que no están presentes en el momento del juego. Por eso también se llama juego de ficción. Es el más típico y característico de la infancia.
Estadio de las operaciones concretas. Es la última etapa de la infancia, de los seis a los doce años de edad. Se impone el juego de reglas. Si bien las reglas ya aparecen en los juegos simbólicos, en este caso tienen un carácter más firme y ajeno a los niños: en el escondite o el «corre que te pillo», las normas se presentan como verdades absolutas, ajenas al acuerdo entre los jugadores. Cada menor cree que la forma que él conoce del juego es la única que existe.

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