El embajador argentino en el Reino Unido rindió homenaje a Isabel II

Mundo 18 de septiembre de 2022 Por LPTV
Los ocho nietos de la monarca velan el cuerpo en una vigilia en Westminster; mientras mandatarios de todo el mundo, llegan a Londres para el funeral

Directo | La capilla ardiente de la reina Isabel II

El embajador de la Argentina en Reino Unido, Javier Figueroa, se presentó hoy ante el féretro de la Reina Isabel II para mostrar sus respetos y expresar sus “más sinceras condolencias” por la muerte “en nombre del pueblo y el Gobierno argentino”

“En nombre del pueblo y Gobierno de la República Argentina expreso nuestras más sinceras condolencias a los miembros de la Familia Real por el fallecimiento de Su Majestad la Reina Isabel II”, señaló Figueroa en un comunicado.

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“Compartimos la pena del pueblo británico en estos días tan tristes. El profundo sentido del deber, que ha sido la impronta del reinado de Isabel II, es respetado y admirado en Argentina”, agregó el embajador antes de desearle al heredero al trono, el Rey Carlos III, “una larga vida y sabiduría en su histórico mandato”.

Junto a su esposa, la ministra Alessandra Viggiano Marra, y vestidos de negro, permanecieron de pie en silencio y durante unos minutos en el edificio del Parlamento a escasos metros del ataúd en un sitio reservado solo para diplomáticos.

Decenas de mandatarios llegan a Londres para el funeral de Isabel II

Decenas de reyes, jefes de Estado y de gobierno de todo el mundo llegan a Londres este domingo para participar al día siguiente en una cita histórica, el multitudinario funeral de Isabel II.

El impacto y trascendencia de la monarca que más tiempo reinó su país, siete décadas, se pone de manifiesto en la lista de asistentes a unas exequias como no se veían en Londres desde la muerte, en 1965, de Winston Churchill, que lideró al país durante la Segunda Guerra Mundial.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, el de Francia, Emmanuel Macron, el de Brasil, Jair Bolsonaro, los monarcas de España, Suecia, Noruega, Luxemburgo, Mónaco, Bélgica u Holanda, o el emperador japonés Naruhito, asistirán al funeral de Estado en la Abadía de Westminster.

Algunos ya están en la capital británica, como Biden, que llegó en la noche junto a su esposa Jill, o el primer ministro canadiense Justin Trudeau, que se reunió el sábado con el rey Carlos III y otros representantes de la Commonwealth.

Un “luto” a pura cerveza en los pubs de Londres

Hay un Londres de luto. Y otro que no lo está. Y hay un Londres que no atina a imaginar el futuro con un rey nuevo, porque todavía no alcanzó a sentir nostalgias de la reina muerta.

El jueves 8, cuando murió Isabel II, con enorme decoro, hay que decirlo, los pubs, las discotecas y los clubes privados de la vieja capital permanecieron abiertos aún a pocas horas del anuncio. Abiertos, es nada: abiertos y colmados. Ni duelo, ni nostalgia, ni temblores: es la economía, estúpido. Y algo más. Y una semana después de la nefasta buena nueva, que a la vieja usanza dieron a conocer, también, los emisarios del reino, y cuando casi toda la ciudad se había lanzado a las calles para ver el cortejo fúnebre, los apenados miembros de la familia real y esperaban horas para ingresar a Westminster Hall y rendir su homenaje personal, íntimo y privado a su reina, los pubs, las discotecas y los clubes privados de Londres seguían abiertos y desbordados.

A la vera de Oxford Street, dos pubs, “Duke of York” y “Bonds” se disputaban los clientes el jueves a pata suelta: todos en la vereda, todos con una pinta de cerveza en la mano y un par más en el coleto, todos a grito destemplado. Lo de la vereda era porque la noche lo pedía, son las últimas cálidas que quedan. Después, el otoño inclemente los va a acovachar en el interior.

Se corrió este domingo la MaratónPodio keniano y 4 argentinos entre los 10 primeros de la Maratón BA

“Todo va a seguir igual. Esto es el imperio, viejo”, dijo uno de los bebedores nocturnales. Ironizaba, sabía que ironizaba y quería que se supiera que sabía que ironizaba. Nadie acierta a dar un perfil del nuevo rey, Carlos III. Al menos un perfil que sea bueno, creíble al menos. Lanzan sí, irreproducibles burradas de vestuario, los dos pubs desbordaban testosterona pese a algunos estrógenos cerveceros y seguidores, que les evitaban mejores definiciones. No es que no conozcan demasiado al nuevo rey; da la impresión de que sí conocen muy bien al viejo príncipe.

Hay dos preguntas que los londinenses, y acaso el resto de los británicos, no saben responder hoy, cuando Isabel II no ha sido sepultada. Qué va a ser de Inglaterra con Charles y qué va a ser de los británicos sin su reina. Y viceversa. “La monarquía permanecerá”, -dijo casi asustado Henry Mance, un ingeniero químico especialista en aditivos para lubricantes, signifique esto lo que fuere. “Las cosas van a ser diferentes y todos vamos a necesitar adaptarnos. Yo pienso más en William que en Carlos. Por supuesto, larga vida al Rey, pero él no va a reinar los años de su madre, así que mi atención está en su hijo”.

El ingeniero agradece que el hotel le haya respetado el precio de su reserva, faltaría más. Los rumores juran que hoy, una habitación en cualquier hotel de la ciudad no baja de mil libras la noche. Más bien, duplica y más esa cifra. Londres también está desbordado. Los londinenses han salido a las calles y el resto del mundo ha llegado a la ciudad. Mientras, en el pub de la esquina sirven otra copa.

La muerte de la reina sorprendió a todos, incluso a su familia. Siguió un breve estado de parálisis, de ¿qué hacemos ahora?, que permitió a las discotecas tomar sus propias decisiones ya que otros no las tomaban por ellos, y sin saber cómo iba a reaccionar la clientela. Uno de esos boliches, con DJ argentino, recibió una sugerencia oficial, si eso existe, del Inception Group, una empresa dueña de clubes y pubs de la ciudad. Decía que los locales debían abrir, pero que se debían evitar en presentaciones y locuciones toda referencia a reyes, reinas y monarquías, cosa de no herir las almas buenas y sembrar una semilla de provocación, o algo parecido. También se dispuso no pasar música del inolvidable grupo “Queen” y fue quitada de la lista de música bailable “Dancing Queen”, casi una reliquia de ABBA que es una obra muy pedida en esas discotecas. Y así sería hasta el final del funeral y con su majestad ya sepultada en el castillo de Windsor. El club de la inusual medida se llama “Maggie’s” por dos razones, una derivada de otra: en homenaje a la ex primer ministro del reino, Margaret Thatcher, y a la música que allí brilla y enhebra los espíritus, toda de la década del 80. Una curiosidad, en los baños de “Maggie’s” se escuchan los largos y apasionados discursos de la Thatcher. No se sabe si es homenaje u opinión, pero allí queda.

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