Tiene VIH y logró controlar el virus sin medicación

Salud 27 de julio de 2022 Por LPTV
Los investigadores aclara el mecanismo celular que ha permitido a la mujer vivir tres lustros sin rastro del virus a pesar de no tomar antirretrovirales
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Tiene VIH y logró controlar el virus sin medicación

El sida es la forma más grave de la infección provocada por el VIH. Gracias a los avances en su tratamiento, hoy se ha logrado cronificar la enfermedad y mejorar la calidad de vida de las personas infectadas. Sin embargo, aunque el tratamiento antirretroviral es efectivo para suprimir la replicación, el virus persiste en los reservorios y se recupera después de suspender la terapia.

No obstante, existen los llamados controladores postratamiento, que mantienen cargas virales indetectables sin tomar medicación, siendo un modelo realista para el cuidado funcional del VIH. Otros casos de curación están relacionados con el trasplante de médula ósea o en pacientes excepcionales que tienen virus defectuosos o factores genéticos asociados con una potente respuesta inmunitaria al VIH de un tipo de linfocito, las células T CD8+, en los llamados controladores de élite.

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Sin embargo, una mujer española portadora de VIH lleva más de 15 años controlando el virus de forma espontánea, sin tomar medicación y con una carga viral indetectable, en un caso que se ha presentado como “único” y “excepcional” de curación funcional de la enfermedad. El estudio de esta paciente —de la que no se ha divulgado ni su identidad ni edad para proteger su anonimato— ha sido realizado por un equipo liderado por médicos del Hospital Clínic de Barcelona, y será presentado esta semana en la 24ª edición de la Conferencia Internacional del Sida en Montreal (Canadá). “Esta señora lleva más de 15 años sin medicación. Después de haber estado un periodo corto de tiempo con ella, controla totalmente el virus del sida y esto tiene una vertiente muy importante: hemos podido averiguar cuál es el posible mecanismo que lo permite”, ha anunciado durante una rueda de prensa desde la capital catalana el doctor Josep Mallolas, jefe de la Unidad de VIH-SIDA del Clínic.

La infección por VIH es una pandemia que afecta a casi 38 millones de personas. El sida ―la etapa más avanzada de la infección― mata a 650.000 pacientes cada año. Cuatro décadas de avances científicos han logrado salvar a millones de infectados gracias a la terapia antirretroviral (ARV), un cóctel de fármacos que evita la replicación del virus hasta el punto de hacer la carga viral indetectable y, por tanto, intransmisible. Este es el único tratamiento disponible para la inmensa mayoría de portadores de este virus que destruye el sistema inmunitario. En la actualidad, más de 28 millones de seropositivos pueden llevar una vida normal y de calidad gracias a la ingesta diaria de una pastilla.

No obstante, aún no se ha logrado dar con una cura definitiva. Aunque los antirretrovirales son efectivos para suprimir la replicación viral, el VIH persiste en reservorios y se recupera después de suspender la terapia. Hay contadísimas excepciones: unas pocas personas a las que se les llama “controladores postratamiento” son capaces de mantener a raya el virus después de que se les retire la medicación. Además, también existen los llamados “controladores de élite”, que logran lo mismo a pesar de no haber iniciado la terapia antirretroviral. Estos también son escasos: menos del 1% de los infectados.

La ya bautizada como “paciente de Barcelona”, sin embargo, no pertenece a estos dos colectivos, pues fue diagnosticada en 2006, ya con una infección aguda, algo que no es típico de ninguno de ellos. Esta mujer fue incluida en un ensayo clínico dirigido por José M. Miró cuyo objetivo era saber si se podía reforzar el sistema inmunitario para que este controlara la replicación viral. De una cohorte de pacientes, un grupo recibió solo antirretrovirales y el otro recibió una serie de tratamientos inmunomoduladores adicionales, incluido un inmunosupresor, la ciclosporina A. “Tras nueve meses desde que le interrumpieron el tratamiento, esta paciente dejó de tener carga viral detectable del VIH en plasma”, describe la doctora Núria Climent, investigadora del grupo Sida e infección por VIH del Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (IDIBAPS), durante una entrevista entre varios miembros del equipo médico y EL PAÍS. De hecho, esta mujer fue la única de los 20 individuos que reaccionó así. “No rebotó el virus, y no ha rebotado durante 15 años y más de 50 analíticas de carga viral; no es que a veces pudiera tener alguna pequeña presencia de bajo nivel. Siempre ha sido indetectable”, completa Miró.

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Una vez descubierta la reacción inmunológica de esta paciente, el siguiente paso fue infectar los linfocitos T CD4+, que son la diana principal del VIH. Y se comprobó que estos eran capaces de replicar el virus, lo que sugería que no había ningún problema en la entrada de este en los linfocitos T CD4+. En cambio, cuando Climent y Sonsoles Sánchez Palomino, otra médica del equipo, realizaron cultivos con otras subpoblaciones de células de la sangre, encontraron que sí que había un control muy drástico de la replicación del virus. “Esto sugería que estas otras subpoblaciones eran las implicadas. Con ensayos in vitro demostramos que eran las células llamadas Natural Killer [NK, o “asesinas naturales” en castellano] y también los linfocitos T CD8+″, describe la doctora Sonsoles Sánchez-Palomino. Estas células NK son las que nuestro organismo utiliza para desencadenar una reacción inmunitaria cuando entra en contacto con el virus del sida y, si es potente, puede llegar a controlarlo.

La gran novedad de esta investigación es que se ha logrado caracterizar qué subpoblaciones de NK y qué subpoblaciones de linfocitos T CD8+ son las que podrían estar implicadas en este fenómeno: son unas células NK que tienen memoria y también otras que se llaman T Gamma-Delta, y son de las que proporcionan inmunidad innata. “La paciente tiene niveles muy altos de ambas, y podrían estar bloqueando o destruyendo las que están infectadas”, describe la doctora Climent.

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La paciente de Barcelona es única no solo porque hay muy pocas personas con control del VIH tantos años después de haber interrumpido el tratamiento, sino también porque se ha logrado caracterizar el mecanismo de control, y este es diferente al que presentan los controladores de élite, algo que abre nuevas vías para potenciar la actividad de esas prometedoras células NK y Gamma Delta. “Si fuéramos capaces, mediante un tratamiento, de repetir o replicar esa capacidad inmunitaria innata que tiene esta mujer, las ventajas serían enormes”, ha celebrado el doctor Mallolas durante la videollamada.

El equipo médico también descubrió, a lo largo del tiempo, que se producía una caída “muy pronunciada y progresiva” del número de virus en el reservorio. “Es como si asistiéramos por primera vez a la victoria sin paliativos del sistema inmunológico sobre el virus. Es precioso ver cómo el reservorio viral cada vez es menor, es como si las NK tuvieran al virus acorralado. Y cada vez van eliminando más células infectadas. Probablemente, llegue un momento en que el reservorio llegue a cero”, ha añadido el jefe de la unidad de VIH del Clínic.

Curación funcional, no definitiva

Los investigadores recalcan que la paciente de Barcelona presenta una curación funcional, es decir, que sin ningún tipo de tratamiento controla la replicación del VIH, pero no es que no exista: cuando se analizan sus células, hay un virus viable capaz de provocar nuevas infecciones. Por esta razón, el suyo supone un caso diferente al de los mediáticos pacientes de Londres y Berlín, individuos que lo eliminaron completamente de su organismo gracias a un trasplante de médula ósea.

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